La lucha contra el neoliberalismo debería ser una prioridad en la agenda feminista

En los últimos meses, el mundo ha visto cómo se han producido protestas sociales en algunos países latinoamericanos. Todos tienen un común denominador: las grandes brechas socioeconómicas que aumentan. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

Las cifras hablan un lenguaje claro. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), hoy hay 182 millones de personas en situación de pobreza y otros 62 millones de personas que viven en la pobreza extrema en América Latina. El 48.7% de las mujeres tienen un ingreso laboral por debajo del salario mínimo establecido por el estado. En Chile, el 1% de los más ricos del país posee más de una cuarta parte de la riqueza del país según la CEPAL. En Colombia el 20% de los ingresos del país está en manos del 1% de la población según, Thomas Piketty, profesor de la Escuela de Estudios Superiores de Ciencias Sociales de Francia y en Argentina, más de 5 millones de niños viven en la pobreza según la UNICEF.

Es fácil entender por qué hay multitudinarias protestas en varios países cuando el objetivo del ahorro económico del estado afecta directamente a una gran parte de la población que ya está en desventaja socioeconómica. Este modelo neoliberal es alentado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) a través de diversos programas de ajuste estructural que durante mucho tiempo han reforzado y cementado estructuras de poder desiguales en muchos países del mundo.

El neoliberalismo, la expresión más brutal del capitalismo, busca grandes libertades para el sector privado en la sociedad, lo que minimiza la intervención estatal e invierte en el libre comercio como un factor que cree, regula las tensiones de clase. El neoliberalismo surgió en América Latina con una fuerza sorprendente en la década de 1980 en el contexto de las reformas económicas introducidas por la dictadura en Chile dirigida por Augusto Pinochet y planeadas por el economista Milton Friedman junto con los llamados ”Chicago Boys”. Es el neoliberalismo el fundamento ideológico en Friedrich Hayek, quien abogó por la ausencia de controles como modelo de libertad, rechazó el estado de bienestar y tuvo una creencia absoluta en el mercado. Además, este personaje reconocía solo aquellos derechos humanos que no entraran en conflicto con el libre mercado. Como dice el profesor universitario colombiano Víctor Correa de Lugo, ”Hayek cree en la necesidad de libertad para las fuerzas del mercado [..] y en tal respeto por el mercado se materializaría la libertad de las personas”. Hayek recibió el Premio Nobel de Economía 1974 por este trabajo.

Después del experimento en Chile, el neoliberalismo se ha extendido y está explotando el mundo para permitir que el sector privado crezca a expensas del sector público, a través de, por ejemplo, privatizar empresas estatales y servicios públicos. Aquí en Suecia, la ”eficiencia” en el bienestar ha significado enormes recortes, se ha introducido la competencia del mercado en la esfera de lo público y se ha hecho posible las ganancias privadas en la escuela, el servicio de salud y el cuidado de personas de la tercera edad.

El neoliberalismo busca abrir las fronteras de los mercados extranjeros y reducir el proteccionismo del mercado de producción local, es lo que llaman globalización. Como señala la investigadora y profesora universitaria india Annia Lomba, ”La globalización reproduce con no poca frecuencia las consecuencias generales que trajo el colonialismo”. La estructura colonial se refleja, por ejemplo, cuando las mujeres en el Sur global siguen siendo las trabajadoras más explotadas en la actualidad, cuando los pueblos ancestrales en los Estados Unidos y Canadá lucharon por el ”Dakota Access Pipeline” que tenía como objetivo construir un oleoducto o cuando los pueblos ancestrales en América del Sur que defienden la Madre Tierra contra Las empresas transnacionales y los estados que desean explotar la naturaleza, son asesinados y amenazados.

El modelo neoliberal fomenta el crecimiento continuo y tiene el efecto de convertir en mercancía todo lo que entra en contacto con ese modelo, lo que significa que también fomenta la explotación salvaje de la naturaleza que conduce a la destrucción de la Madre Tierra. Por esta razón, se ajusta a la lógica neoliberal, privatizar también el agua o explotar la naturaleza, incluso si la vida en nuestro planeta está amenazada, todo a nombre del libre mercado.

El neoliberalismo se basa en una perspectiva capitalista que crea una gran desigualdad económica, reproduce las estructuras coloniales y explota tanto la naturaleza como a los seres humanos. El aumento de la desigualdad económica es una amenaza para los derechos de las mujeres, lxs trabajadorxs, los pueblos ancestrales y la naturaleza, especialmente en el Sur global.

Combatir el neoliberalismo con sus consecuencias como la destrucción de nuestro planeta y la explotación de los cuerpos debe colocarse en el primer lugar de la agenda feminista.

Jaime Gómez, portavoz de política exterior de la Iniciativa Feminista de Suecia

Este artículo fue publicado originalmente en idioma sueco acá

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